La vida y desaparición de Bas Jan Ader

El artista conocido como Bas Jan Ader (su verdadero nombre fue Bastiaan Johan Christiaan Ader) nació en Holanda en 1942 y se presume que haya muerto en 1975. Digo “se presume” por que oficialmente todos los documentos de su biografía dicen “perdido en altamar”.

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Durante su breve carrera profesional produjo un número limitado de obras (sobre todo video) que lo consagraron como artista conceptual y aún hoy siguen inspirando a nuevas generaciones de artistas.

A los 19 años tuvo su primer naufragio, cuando el barco en el que viajaba de Europa a América encalló cerca de California. Ahí, Ader vivió los últimos diez años de su vida.

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Su obra más conocida, I’m too sad to tell you, es un video mudo producido en 1970. Consiste en una reproducción de tres minutos y medio del artista llorando desconsoladamente. Como en casi todos sus videos, Ader utiliza recurrentemente la tragedia con un toque de comicidad para explorar la esencia humana.

Con este mismo objetivo también se vale de la gravedad en su serie de videos de caídas. En estos, se desploma repetidamente desde techos o dentro de canales de agua. Da curiosidad pensar en cuántas tomas tuvo que hacer y cuántos golpes tuvo que sufrir antes de lograr el encuadre perfecto. El acto torpe de caer, de perder el control, y someterse a ser el protagonista de una escena absurda y vergonzosa se repite una y otra vez en sus videos blanco y negro.

Sin embargo, hay un video ligeramente diferente que vale la pena analizar. Se trata de Broken Fall (Geometric). En este video, de menos de dos minutos, se ve a Jas Ban Ader de pie en un corredor al aire libre que divide altos arbustos, junto a lo que parece ser un tripié. El viento sopla y mueve las plantas suavemente. Al inicio – y a partir de sus otros videos – parece ser que el artista ensaya una caída. Conforme pasan los segundos, se cae en cuenta que se mueve con el viento, como si su cuerpo espigado fuera tan ligero que es empujado por el aire.

El saber que tarde o temprano caerá (como nos sugiere el título) y anticipar esa caída le da cierta intriga al video. ¿Logrará caer de forma natural, como planta doblada por el viento? ¿O no resistirá meter las manos? Esa expectativa casi mórbida hace que los segundos pasen lentos y su caída final se sienta como una victoria.

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Pero sin duda el trabajo más emblemático de Ader, y el que ocasionaría su desaparición, fue In Search of the Miraculous. Para la segunda parte de lo que debió de haber sido un tríptico, en 1975 Bas Jan Ader planeó lo que él llamó “un largo viaje”: un performance en el cual debía de realizar la atrevida hazaña de atravesar el Océano Atlántico con un pequeño barco a vela. Según sus cálculos, tardaría de sesenta a noventa días en cruzar, pero después de tres semanas su radio dejó de mandar frecuencias y seis meses más tarde su embarcación fue encontrada cerca de las costas de Irlanda. Su cuerpo nunca fue hallado.

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A partir de este episodio su obra ha sido expuesta en todos los continentes y han surgido muchas leyendas sobre todas las preguntas que quedaron sin responder. In Search of the Miraculous ha inspirado muchas obras de otros artistas, documentales y libros. Al parecer, la desaparición de Ader al final fue la obra conceptual perfecta, y muchos especulan que en realidad se retiró de la vida artística y ahora vive sus días de incógnito en algún lugar inesperado.

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 Este artículo fue originalmente publicado en Cultura Colectiva en mayo del 2013.

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Félix González Torres y su amor por un hombre.

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Un amigo cercano me introdujo por primera vez al trabajo de Félix González-Torres, e inevitablemente su obra se quedó conmigo. Pocas veces un artista se refugia en mi cabeza tan permanentemente, regresando de vez en vez a dejarme una sensación de admiración profunda mezclada con melancolía.

El trabajo de González-Torres habla prácticamente de tres temas: muerte, amor y luto. Puede sonar banal y su obra puede parecer casi improvisada, pero el discurso impecable y conmovedor detrás es lo que le da la fuerza para seguir impactando generaciones.

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Félix González-Torres nace en Cuba en 1957 y se muda de país en país, hasta instalarse finalmente en Puerto Rico, donde estudia arte en la universidad. Ahí consigue una beca para irse a Nueva York y en esa ciudad es donde consolidará su carrera, cosechando éxitos importantes en el mundo del arte.

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La homosexualidad abierta de González-Torres jugaría un papel importante en su producción, aunque, como él mismo dijo en una entrevista, su arte no es arte gay, sino que es arte que habla del amor por un hombre. Se refiere particularmente a la historia de amor de ocho años que vivió con su compañero Ross Laycock, quién murió de SIDA cinco años antes que el artista.

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Ese suceso incide fuertemente en la producción artística de González-Torres, quién siempre consideró que el público para el que hacía arte era exclusivamente Laycock. Durante el año de su muerte, 1991, González-Torres crea una serie de obras para homenajear a su pareja y trabajar su luto.

Una de las más conocidas es “Untitled” (Portrait of Ross in L.A.), en el que una montaña de caramelos envueltos en celofán de distintos colores es libremente colocada en el espacio donde se expone.

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González-Torres sugiere que la cantidad de caramelos expuestos pese exactamente 175 libras, que era el peso de Ross. Cuando el público toma caramelos y hace disminuir el tamaño de la obra puede ser equiparado a la pérdida de peso y al sufrimiento que vivió Ross antes de morir; como si desapareciera. El espacio expositor se compromete a renovar los 175 libras de caramelos en cuanto se terminen, como dándole vida perpetua. Asimismo, la acción de cada espectador al ingerir el dulce es comparable con el acto católico de la comunión, en el que se recibe el cuerpo de Cristo. Quizá González-Torres buscaba reproducir la esencia de Ross a través de cada espectador.

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“Untitled” (Perfect Lovers) es otra obra suya del mismo año que reflexiona sobre la enfermedad y el luto. El artista expone dos relojes de cocina idénticos, sincronizados exactamente a la misma, uno junto al otro. Los dos relojes marcan los segundos al compás, día tras día. Pero con el tiempo, poco a poco, empiezan a perder sincronía, hasta que el tiempo entre ellos crece y los separa cada vez más.

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El mismo año, y como homenaje a Ross, Félix expone veinticuatro espectaculares en las calles de Nueva York que contienen la misma imagen: una fotografía de una cama deshecha y con la impresión de dos cuerpos que estuvieron recientemente ahí.  El número de carteles corresponde con la fecha de la muerte de su compañero y no van acompañados ni de firma ni de didascalía. La ausencia de los cuerpos refleja el duelo por la pérdida, pero también se traduce en una declaración política y social para el ambiente de la época: “esconder” un cuerpo homosexual que padeció SIDA y que ha dejado su huella no deja de ser controversial.

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En 2010 se realizó una retrospectiva de la obra de González-Torres en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo del Distrito Federal, curada por Sonia Becce. Para los que se la perdieron, próximamente podrán ver algo de su obra en la exposición panorámica / paisajes, 2013-1969 que inaugura estos días en el Palacio de Bellas Artes.

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Este artículo fue originalmente publicado en Cultura Colectiva en mayo del 2013.